La chaman agarro mis manos y sentí su fría piel rozando mis dedos, era capaz de sentir su energía. Las soltó y estaba bastante sorprendida.
-¿Qué ocurre?-pregunté
-No sé si eres un zorro bueno o malo, pero tienes una gran fuerza en tu interior, más de las que cualquier otro kitsune que haya pasado por aquí.
-Si fuera malo, ¿Quién me mataría?
-Un cazador, su única función es la vida es matar a este tipo de especies, sin embargo si un kitsune que venera al Dios Inari ve como un kitsune de naturaleza mala esta atacando un humano, se ve en la obligación de parar esa escena y acabar con la vida de ese ser.
- Si usted no lo sabe, ¿Cómo puedo averiguar mi naturaleza?
Fue entonces, cuando la joven sirvienta que se había sentado al lado de vieja Nanami me tocó el rostro con su mano derecho y agacho la cabeza, a diferencia de la mujer mayor, sus manos eran firmes y no tardó demasiado en mirarme con la misma cara que había hecho anteriormente la mujer japonesa alegando.
-No sé lo que es.
Con una interrogación en mi rostro, observe a Nanami que se disponía a asentir levemente la cabeza, aquella joven, se trataba de una cazadora experta con 957 años, pero con la peculiaridad de que no envejecía. Ambas, llegaron al acuerdo, de que debía visitar a Inari para descubrir mi paradero, pues ninguna me explico la procedencia de mis poderes ni porque sólo tenía cinco colas, tampoco eran capaces de afirmar de que era un kitsune blanco, que se tratan de aquellos zorros venerados por aquel extraño Dios.
Mediante un ritual compuesto de una de las flores que le colgaban del pelo a la chaman y un extraño liquido de color verde, fui transportada a otro lugar.
Me encontraba en un jardín lleno de flores exóticas y la calor se impregnaba en mi piel, pequeños insectos revoloteaban a mi alrededor y una mariposa blanca se poso en mi cabello, pronto, esa mariposa se esfumó tras moverme y tres seres de apariencia humana me miraban.
Se trataba de una hermosa muchacha y dos jóvenes.
La muchacha portaba una túnica blanca y a los pies de su vestido decoraban unas suaves flores doradas. Encima de aquel lujosa vestimenta, un paño rojo le cubría gran parte de la túnica. De su cabello caía pequeñas ondulaciones del mismo color de su vestido cubriendo parte de su cabello y consigo, llevaba un látigo.
En cambio los hombres, no vestían de forma tan lujosa, y cada uno llevaba un objeto diferente, el que se encontraba a la izquierda de la mujer llevaba una hoz mientras que el otro llevaba una espada.
-¿Quiénes sois, pequeña?- preguntó amablemente la señora- ¿Qué hace un humano en este mundo?
-Estoy buscando al Dios Inari
-Pues bien, habla- contesto el hombre de la izquierda- yo soy Sarutahiko no mikami
-Y yo Iomiyame no mikoto
-y el hombre de la izquierda dijo
-Yo soy Ukanomitama no mikoto
-perdonad, pero mi intención es hablar con Inari
-Nosotros somos Inari- contesto la joven- La divinidad Inari son tres deidades. ¿Acaso la religión no la has estudiado en la escuela?
Negué con la cabeza y el joven que llevaba la espada contesto rápidamente
-¡Estos humanos! Cada vez más se olvidan de que nosotros somos los encargados de vigilar sus campos. Y el ministerio de educación nos infravalora. ¡Qué mal esta la educación!
-¿A quién le interesa tus quejas tierra inmunda? ¿No ves que estás aburriendo a la niña? Expliquemosle que parece que no ha captado nada- dijo el hombre con la hoz en la mano
- Nosotros somos los encargados de proteger las tierras de los campesinos a cambio de sus ofrendas. Como he mencionado antes, yo soy Iomiyame no mikoto, el agua. Y estos, son mis hermanos; el de la izquierda es la tierra y el que lleva la hoz es el grano.
Los mire durante un rato
-Agua, tierra y grano- suspiré - incluso la religión cristiana que dice que el hijo de la virgen María nació del espíritu santo tiene más sentido que esto. ¿Acaso no podía ser uno o era mucho trabajo?
La mujer suspiró
- Nuestro padre, el Dios Inari es demasiado mayor para encargarse de la tarea y debía ser yo, primera hija, ser la que manejaría su trabajo, pero nacimos tres y tuvo que repartir el trabajo para que no haya peleas.
Me llevé la mano a la barbilla pensativa, pero fui interrumpida por el señor grano, que preguntó qué hacía allí y qué deseaba.
Sosegada, mis cinco colas aparecieron y los hermanos parecían tan sorprendidos como Nanami o su criada.
-Necesito saber quien soy, si soy un zorro blanco o salvaje.
-Cinco colas- fue entonces cuando la mujer comenzó a cambiarle los rasgos de la cara y sacó de su túnica una pequeña libreta.
-Según mis apuntes...-decía
-¿Según tus apuntes?-dijo el señor grano- vaya imagen le estás dando a la jovencita, ni siquiera sabes cual es tu trabajo
-Al menos tengo apuntadas algunas cosas fruto de mi continuo despiste, será mejor que cierres el pico porque no estudias y no sabes que tipo de criatura es
Tras unos breves minutos, la mujer cerró la libreta de un golpe y se quedo sorprendida mientras me miraba. Se acercó a mi y besó mi frente.
-Lo eres
-¿Lo es?-dijeron ambos curiosos entendiendo lo mismo que yo; nada.
-Eres un Kitsune legendario.
Los tres hermanos se miraron sin gesticular palabra y tras preguntar qué era, de forma serena me explicó.
"Eres un zorro legendario, seguramente, tu pelaje y colas habrán ido cambiando y poseas poderes más extraordinarios de los que cualquier kitsune podría desear. Este tipo de zorros sólo aparecen una vez cada siglo y hay siglos en los que esta especie no ha existido.Muchas veces, esta especie puede tener un poder mayor al de un Dios. Como habrás leído o escuchado, a los kitsunes les aparecen sus nueve colas desde el día en el que nacen hasta que fallecen, sin embargo, tus colas y poderes han permanecido ocultos, ya que tu creación se debe a la unión de un humano y un zorro. Tu función desde este momento, será atrapar a seres que están creando el caos en el mundo de los humanos. Tras cumplir con tus funciones, podrás desear cualquier cosa"
-¿La unión de un humano y un zorro?
-Tu madre desapareció cuando eras pequeña
La mire, realmente sorprendida
-¿Cómo lo sabes?
-No olvides que soy una Diosa, y que como divinidades, debemos saber todos lo que ocurra fuera de lo común. Ella era un zorro.
Me sentía tan anonadada que no sabía que decir o hacer, pues aquel hecho corrompía el mundo en el que había vivido tantos años.
-¿Qué ocurrirá si no quiera capturar extrañas especies?
-No tendrás deseo
-¿No puedo hacer desaparecer esto que me cuelga en el trasero?
Negó rotundamente con la cabeza y suspiré.
-Viviré con colas hasta que muera- me di la vuelta para irme, pues no deseaba pasarme años enfrentándome con especies de las que no sabía nada y que probablemente moriría.
-¿Acaso no quieres ver a tu madre o descubrir cosas acerca de ella?
Me paré en seco.Fue entonces que, tras una larga lucha interna, decidí aceptar aquel "trabajo" y como buena hija, me disponía a encontrar a mi madre, como una vez lo hizo "Marcos".
Me encontraba en un jardín lleno de flores exóticas y la calor se impregnaba en mi piel, pequeños insectos revoloteaban a mi alrededor y una mariposa blanca se poso en mi cabello, pronto, esa mariposa se esfumó tras moverme y tres seres de apariencia humana me miraban.
Se trataba de una hermosa muchacha y dos jóvenes.
La muchacha portaba una túnica blanca y a los pies de su vestido decoraban unas suaves flores doradas. Encima de aquel lujosa vestimenta, un paño rojo le cubría gran parte de la túnica. De su cabello caía pequeñas ondulaciones del mismo color de su vestido cubriendo parte de su cabello y consigo, llevaba un látigo.
En cambio los hombres, no vestían de forma tan lujosa, y cada uno llevaba un objeto diferente, el que se encontraba a la izquierda de la mujer llevaba una hoz mientras que el otro llevaba una espada.
-¿Quiénes sois, pequeña?- preguntó amablemente la señora- ¿Qué hace un humano en este mundo?
-Estoy buscando al Dios Inari
-Pues bien, habla- contesto el hombre de la izquierda- yo soy Sarutahiko no mikami
-Y yo Iomiyame no mikoto
-y el hombre de la izquierda dijo
-Yo soy Ukanomitama no mikoto
-perdonad, pero mi intención es hablar con Inari
-Nosotros somos Inari- contesto la joven- La divinidad Inari son tres deidades. ¿Acaso la religión no la has estudiado en la escuela?
Negué con la cabeza y el joven que llevaba la espada contesto rápidamente
-¡Estos humanos! Cada vez más se olvidan de que nosotros somos los encargados de vigilar sus campos. Y el ministerio de educación nos infravalora. ¡Qué mal esta la educación!
-¿A quién le interesa tus quejas tierra inmunda? ¿No ves que estás aburriendo a la niña? Expliquemosle que parece que no ha captado nada- dijo el hombre con la hoz en la mano
- Nosotros somos los encargados de proteger las tierras de los campesinos a cambio de sus ofrendas. Como he mencionado antes, yo soy Iomiyame no mikoto, el agua. Y estos, son mis hermanos; el de la izquierda es la tierra y el que lleva la hoz es el grano.
Los mire durante un rato
-Agua, tierra y grano- suspiré - incluso la religión cristiana que dice que el hijo de la virgen María nació del espíritu santo tiene más sentido que esto. ¿Acaso no podía ser uno o era mucho trabajo?
La mujer suspiró
- Nuestro padre, el Dios Inari es demasiado mayor para encargarse de la tarea y debía ser yo, primera hija, ser la que manejaría su trabajo, pero nacimos tres y tuvo que repartir el trabajo para que no haya peleas.
Me llevé la mano a la barbilla pensativa, pero fui interrumpida por el señor grano, que preguntó qué hacía allí y qué deseaba.
Sosegada, mis cinco colas aparecieron y los hermanos parecían tan sorprendidos como Nanami o su criada.
-Necesito saber quien soy, si soy un zorro blanco o salvaje.
-Cinco colas- fue entonces cuando la mujer comenzó a cambiarle los rasgos de la cara y sacó de su túnica una pequeña libreta.
-Según mis apuntes...-decía
-¿Según tus apuntes?-dijo el señor grano- vaya imagen le estás dando a la jovencita, ni siquiera sabes cual es tu trabajo
-Al menos tengo apuntadas algunas cosas fruto de mi continuo despiste, será mejor que cierres el pico porque no estudias y no sabes que tipo de criatura es
Tras unos breves minutos, la mujer cerró la libreta de un golpe y se quedo sorprendida mientras me miraba. Se acercó a mi y besó mi frente.
-Lo eres
-¿Lo es?-dijeron ambos curiosos entendiendo lo mismo que yo; nada.
-Eres un Kitsune legendario.
Los tres hermanos se miraron sin gesticular palabra y tras preguntar qué era, de forma serena me explicó.
"Eres un zorro legendario, seguramente, tu pelaje y colas habrán ido cambiando y poseas poderes más extraordinarios de los que cualquier kitsune podría desear. Este tipo de zorros sólo aparecen una vez cada siglo y hay siglos en los que esta especie no ha existido.Muchas veces, esta especie puede tener un poder mayor al de un Dios. Como habrás leído o escuchado, a los kitsunes les aparecen sus nueve colas desde el día en el que nacen hasta que fallecen, sin embargo, tus colas y poderes han permanecido ocultos, ya que tu creación se debe a la unión de un humano y un zorro. Tu función desde este momento, será atrapar a seres que están creando el caos en el mundo de los humanos. Tras cumplir con tus funciones, podrás desear cualquier cosa"
-¿La unión de un humano y un zorro?
-Tu madre desapareció cuando eras pequeña
La mire, realmente sorprendida
-¿Cómo lo sabes?
-No olvides que soy una Diosa, y que como divinidades, debemos saber todos lo que ocurra fuera de lo común. Ella era un zorro.
Me sentía tan anonadada que no sabía que decir o hacer, pues aquel hecho corrompía el mundo en el que había vivido tantos años.
-¿Qué ocurrirá si no quiera capturar extrañas especies?
-No tendrás deseo
-¿No puedo hacer desaparecer esto que me cuelga en el trasero?
Negó rotundamente con la cabeza y suspiré.
-Viviré con colas hasta que muera- me di la vuelta para irme, pues no deseaba pasarme años enfrentándome con especies de las que no sabía nada y que probablemente moriría.
-¿Acaso no quieres ver a tu madre o descubrir cosas acerca de ella?
Me paré en seco.Fue entonces que, tras una larga lucha interna, decidí aceptar aquel "trabajo" y como buena hija, me disponía a encontrar a mi madre, como una vez lo hizo "Marcos".