Y una noche lluviosa

Y una noche lluviosa
cinco colas aparecieron.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capitulo 2: Sentido y Sensibilidad (2º parte)

-Me da miedo los perros- dije atemorizada
<<Es normal que te de miedo, Annie>>
-Eres realmente molesto, deja de utilizar la telepatía para todo. ¿Cómo sabes que me dan pánico los perros? ¿Cómo sabes mi nombre?
<<Yo lo sabrás, no te apresures, recuerda esto; que Mateo te de la carta y márchate, no voy a salvarte de nuevo si tus colas son vistas>>
-¿Qué soy?
<<Tu sola debes descubrirlo todo>>
Cuando quise pedirle explicaciones me encontraba tumbada en la arena y los gritos desesperados de Mateo era lo único que podía escuchar.
-¿Qué ha ocurrido?
-Te desplomaste- dijo nervioso
-¿Cuándo?
-Hace un minuto
Sin embargo, creí que mi conversación con el perro mudo había durado más de quince minutos.
-¿Te encuentras bien?
-Dame la carta-extendí la mano incorporándome y dispuesta a irme por aquel sueño extraño
-¿No sería mejor que fuéramos a una bar?
Durante unos minutos me replanteé la cuestión, pensando que quizás era lo mejor, ir a una cafetería tranquilamente para que aquel muchacho no sospechará de nada.
Así que, fuimos a la cafetería más cercana.
Allí, me tomé una taza de té y sentí que de nuevo una de mis colas tenían ganas de salir. Me revolví en la silla esperando que Mateo no fuera consciente de lo que ocurría.
Mi concentración para ocultar mis colas fue interrumpida por una escena de lo más dramática.
Una pareja que estaban próximos a nuestra mesa estaba montando un escándalo a  lo más parecido a un culebrón que había visto. El hombre gritaba a la mujer desmesuradamente y ambos tenían rasgos asiáticos, aunque hablaban en su idioma, era capaz de entenderlos perfectamente y ella decía con lágrimas en los ojos "Oppa, Oppa"
Él agarro una taza de café para arrojar su contenido a la mujer llorosa que se limpiaba las lágrimas con las manos.
Nadie en la cafetería se inmuto, sin embargo, todos observábamos la escena.
Ante tal situación, concentré mi furia en aquel hombre, mi mandíbula apretada y un creciente sentimiento de odio se apoderaba de mi. Una voz desgarradora de mi interior soltó un grito, el hombre se vertió por encima el café que había en la taza y se estampó contra la pared.
Mis labios temblaron a punto de salir un sollozo y todo el mundo miraba fascinado la escena y gritaban asustados por el acto sobrenatural que acababa de ocurrir.
Miré a la mujer, que se levanto y retrocediendo salió corriendo, muchos acudieron en ayuda del hombre que había recibido el duro golpe y me miré las manos, mis uñas se habían convertido en largas garras negras y afiladas e incluso comenzaba a tener pelo alrededor de mis manos.
Agarré la carta que estaba encima de la mesa mientras Mateo miraba la escena y salí corriendo.
Me escondí en el primer callejón que vi con la intención de llegar a mi casa sin ser descubierta.
Siempre había pensado que era increíble cuando los héroes de los libros o películas tenían poderes, e incluso pensé que aquello realmente me podría gustar.
Pero me pregunté que sintieron aquellos héroes al tener poderes y no saber controlarlos. Quizás ellos habían nacido demasiado inteligentes o hábiles para plantearse aquel tipo de preguntas, pero yo, una persona del montón, que apenas se conocía a si misma y que creía que en un principio eso de tener poderes la hacía especial, había estampado a un hombre contra la pared.
Me sentí insegura...
Muy insegura...
Más insegura de lo que usualmente se puede sentir alguien...
Pero todavía tenía la carta. Abrí cuidadosamente el sobre con la uña del dedo corazón y la agarre cuidadosamente para comenzar la lectura.
"Querida Annie; 
Quizás, si estás leyendo esta carta, es el momento perfecto o quizás no; prefiero que nunca te haya echo falta leerla.
Quizás hayas notado algunos cambios en tu cuerpo y no me considero el más apto para darte una explicación de lo que te está ocurriendo. 
Pero tengo una amiga que si lo sabe. Es una chaman que vive en Nueva York en el barrio chino de origen japonés, allí encontrarás la respuesta.
La dirección se encuentra en el libro de recetas de la estantería más alta del faro entre las hojas del libro."
Tengo que reconocer que me sorprendí ante aquella idea de esconder la dirección en el libro de cocina, fue inteligente, más de lo que creía procediendo de mi padre. Realmente odiaba cocinar, por lo que nunca miraría un libro de cocina.
Después de tanto tiempo, cuando voy a una venta de libros usados, hojeo algún libro de cocina. No lo miro porque este interesada en el arte culinario, sino por el secreto que puede esconder.
Escasamente unos días después, me encontraba en el barrio chino de Nueva York llamando a la puerta de la dirección de la mujer.
Una japonesa salió de pronto. Su pelo estaba recogido en un moño y era de color plateado y brillante. Adornada en su cabellera, llevaba unas flores blancas y sencillas, tan largas que llegaba hasta sus ojos.
Aproximadamente podría tener unos cincuenta años. Sus pómulos estaban alzados y su maquillaje era suave, sus cejas finas y delgadas mientras que una tímida sonrisa se coló en su rostro.
En la mano izquierda portaba un abanico y llevaba un kimono negro adornado con grandes flores blancas y un obi atado de color rojo.
-Y tú ¿Quién eres?- dijo en japonés
-Mi nombre es Annie Marcellyn- me incliné levemente- ¿Es usted Matsumoto Nanami?
Ciertamente me resulto extraño que pudiera entenderla, y más raro todavía que fuera capaz de contestarle en su idioma.
La mujer de forma serena asintió y me invitó a pasar a un pequeño salón de estilo oriental.
Sin que la mujer llamara a nadie, una joven se presento y asintió sin que ella dijera nada. Unos minutos más tarde apareció con una tetera.
-¿Le gusta el té, señorita Marcellyn?
-Sí-respondí
-Así que la hija de Baï, ha venido a verme
-¿Cómo ha sabido que soy la hija de Baï?-decía mientras servía el té con elegancia
-¿Cómo podría olvidarme de un rostro como el tuyo?
-¿Qué quiere decir? ¿Nos conocíamos de antes?
Nanami se limitó a sonreír
-¿Qué te trae por aquí?
-Mi padre me dijo que viniera a verla si me sucedía cosas extrañas
-¿Y bien? ¿Qué le ha sucedido?
-Será mejor que se lo muestre, ¿Tiene algo que sea difícil de romper?
-¿Algo como...un bloque de hormigón?- respondió con suma delicadeza
Asentí tragado saliva
Y de nuevo sin comunicación verbal, la joven que había traído el té, trajo un pesado bloque de hormigón.
Lo agarré sin mayor esfuerzo, lo exprimí entre mis manos sin utilizar apenas fuerza y todo quedo reducido a polvo.
La mujer no muy sorprendida asintió mirando hacia la taza de té que me extendió.
-Es usted una kitsune, lo supe desde que te vi en la puerta
-¿Qué es eso?
-Es un ser mitológico de nueve colas, en la mitología japonesa se le llama kitsune, en la coreana Gumiho y la china Huli jing
-Yo sólo tengo cinco colas
-Según la mitología japonesa, estos zorros van teniendo más colas respecto a los años en balance a su sabiduría, sin embargo no es cierto. Según la coreana y china las nueve colas aparecen desde que el kitsune nace.
-Quieres decir...que de los tres zorros de nueve colas, en la mitología de cada uno ¿miente en algunas cosas y en otras no?
La chaman asintió.
-De acuerdo a la mitología Japonesa hay zorros buenos y malos. Generalmente los espíritus de zorros son representados como seres peligrosos y son llamados "zorros de campo". Sin embargo, hay zorros buenos que son venerados por el Dios Inari, compuesto por tres deidades. En el caso de ser un zorro de campo, te matarán.
-Y yo...¿Soy bueno o malo?-inquirí asustada

















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