Desde aquel día, todas las tardes, me sentaba en la mesa con una taza de té mirando hacia la silla que tenía en frente y comenzaba a hablar como si mi padre estuviera ahí, escuchando atentamente cada palabra que pronunciaba mientras jugaba con sus manos.
Yo...me sentía realmente sola. No tenia nada. Ni familia, ni amigos, ni estudios, ni trabajo, ni futuro, ni siquiera esperanzas. Lo había perdido todo.
Las personas del ayuntamiento fueron realmente amables conmigo ofreciéndome el puesto de vigilante del faro que tantos años había sido el de mi padre, sin dudarlo, acepte de inmediato.
Una noche lluviosa, mientras me encaminaba hacia el faro volviendo de la compra, vi una pequeña caja. Quizás una persona normal ni siquiera se habría molestado en mirarla, pero escuche unos débiles gemidos. Cuando abrí la tapadera me encontré con un pequeño gato gris y junto a el, una nota "Por favor, cuídame, me gustaría formar parte de tu familia" Aquella nota conmovió profundamente mi corazón, aquel minino y yo nos encontrábamos en circunstancias similares, así que, lo adopte como mascota bajo el nombre de Baï, en honor a mi padre.
A la semana siguiente, salí a pasear para sentir la brisa del frío invierno, Baï me despidió desde la entrada del faro maullando.
Mis pies rozaron la sedosa arena de la playa y las ondulaciones de mi cabello bailaban al son del viento. Después de tanto tiempo, me sentía realmente bien, como si pudiera volver a nacer en cualquier momento.
En mitad de mi placido paseo, tres gamberros pegaban a un chaval de unos veinte años.
Pensé en no intervenir, pero sentí la presencia de mi padre junto a mi, mirándome compasivo.
-¡Siempre hago lo que quieres!- le dije a la borrosa imagen que tenía al lado mía- ¡Esfúmate!- sople con fuerza y la imagen desapareció.
-¡Oye! Dejadlo, sois tres contra uno, soy muy mayores para andar pegándose como críos, lo vais a matar- dije cuando me acerque y vi aquel hombre lleno de sangre.
-¿Y tu quién eres para decirnos eso?¿Superman?¿Catwoman?-dijo uno de ellos con el pelo engominado y alzando la voz
-Soy una pescadora, pero olvidaos de mi,yo no he dicho nada- dije viendo que mi vida corría peligro. Carraspee mi garganta y quise seguir mi camino
-no te vayas ahora, puta. Me da igual que seas una mujer, nadie me vacila.
El engominado se preparaba para pegarme, asustada, cerré los ojos y noté un leve cosquilleo que subía por mi espalda, abrí atemorizada los ojos y me percate como aquel tío estaba agarrando su mano como si acabara de sufrir un duro golpe.
-¿Qué ocurre?- le preguntaron sus compañeros y lo observe detenidamente sin comprender nada.
-Esta dura como una piedra- respondió
Sus colegas parecían sorprendidos y decidieron sorprenderme a mi cuando cada tío me agarro de un brazo, forcejee y cuando lo hice, ambos acabaron a cinco metros de mi tirados en el suelo.
"¿Qué ocurre?" Esa fue la pregunta que me hice, ya que nunca había sobresalido en los deportes y mucho menos por mi fuerza.
Los tres abusones me miraron asustados y salieron corriendo.
Me miré las manos confusa y aturdida, pero se esfumó cuando mi nariz detecto un desagradable olor a perro mojado.
Giré mi cabeza hacia el lado izquierdo de donde yo me encontraba, allí, yacía inmóvil el cuerpo tirado de un joven, me arrodille junto a él y le pregunté.
-¿Estás bien?- arrugue el ceño preocupada. Quien olía a perro mojado era él.- será mejor que te lleve a mi casa y te cure las heridas.
El chico aún consciente asintió sin abrir la boca, le ayude a levantarse y sentí que su peso era proporcional a una pluma. Al ver su cojera e inestabilidad al andar, lo cargue en mi espalda y lo lleve a mi casa en un breve periodo de tiempo.
Lo tumbe en el sofá y fui a por el botiquín de primeros auxilios. Aunque se veía un chico indefenso, me atemorizaba hasta cierto punto su presencia sin embargo, no comprendía el por qué.
Cuando agarré el algodón y lo bañe en agua para limpiar sus heridas sucias por la arena, el chico estaba inmóvil y parecía que se había quedado dormido por el agotamiento. Fue entonces, cuando decidí echar un vistazo a su cara.
Tenía el pelo largo. Sus labios y piel eran finos. Sus pómulos estaban alzados. Los ojos de aquel hombre eran pequeños y con grandes pestañas. Me recordó a una muñeca de porcelana por sus delicados rasgos, como si en cualquier momento se pudiera romper si no la tratas cuidadosamente.
En el momento en que con más atención lo observaba, abrió los ojos de golpe incorporándose de una sentada.
-¿Quién eres?
-Me llamo Annie. te salve de unos matones- le extendí la mano a modo de saludo sin obtener respuesta- ahora que estás despierto, limpia tu mismo las heridas, voy a hacer té, ¿te gusta el té?
-¿Cómo vencistes a esos tipos?
-No lo sé, pero fue increíble la cara que pusieron, y más cuando...
-Me abrumas- dijo mientras se llevaba las manos a la cabeza
-Puede, pero la que te abruma, te ha salvado la vida. Te pregunté si quieres té
-No me gusta, ¿Tienes café?
Me encogí de hombros y comencé a rebuscar en los armarios.
-¿Vives en un faro?
-Sí-dije mientras preparaba las bebidas
-Es impresionante la cantidad de libros que hay
Fruncí los labios a modo de respuesta.
-¿Cómo te llamas?- pregunte por segunda vez
-Neron
-Tienes nombre de perro- conteste con una risita y seguidamente dije- por favor, tome asiento- le señale la mesa- el café esta preparado.
Neron tomo asiento y bebió un sorbo de su café, lo miré detenidamente y pronuncié las siguientes palabras.
-¿Está bueno?
Él asintió y proseguí diciendo
-Está caducado, me preocupaba de que no fuera de su agrado. Preparé mas té por si se arrepiente del café.
Ambos nos miramos con una inescrutable seriedad
Ambos nos miramos con una inescrutable seriedad
En ese momento, alguien aporreó la puerta, la abrí y un hombre trajeado hablo.
-Buenos días, soy el abogado de Baï, vengo a hablar de la herencia.
-Vaya, es usted un hombre muy atractivo, si lo hubiera sabido, me hubiera preocupado en reunirme mucho antes con usted por el tema de la herencia.
Ante tales palabras de intimidación, el hombre no pareció inmutarse. Le invité a pasar.
El abogado, que mucho más tarde me enteré que se llamaba Mateo y tenía veinticinco años de edad se sentó junto a mi otro invitado y le ofrecí algo de beber.
-Un café, si es tan amable.
Pensé que por qué el día en que tenía no café pero sí invitados se empeñaban en pedirlo.
Le coloqué la taza de café, él bebió un sorbo como Neron y repetí la misma fórmula.
-¿Está bueno?
El asintió y con seriedad comenté casualmente
-Está caducado, me preocupaba que no fuera de su agrado.
Ambos hombres se miraron cuando Neron dijo
-Creo que el asunto es personal y yo ya debo marcharme
-Le acompañaré hasta la puerta-me ofrecí, cuando Neron estaba ya en la calle le dije- Encantado de conocerle, espero que si alguna vez nos volvemos a encontrar no sea en una situación tan peliaguda.
El no dijo nada y yo cerré la puerta de inmediato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario