Y una noche lluviosa

Y una noche lluviosa
cinco colas aparecieron.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capitulo 2: Sentido y Sensibilidad (2º parte)

-Me da miedo los perros- dije atemorizada
<<Es normal que te de miedo, Annie>>
-Eres realmente molesto, deja de utilizar la telepatía para todo. ¿Cómo sabes que me dan pánico los perros? ¿Cómo sabes mi nombre?
<<Yo lo sabrás, no te apresures, recuerda esto; que Mateo te de la carta y márchate, no voy a salvarte de nuevo si tus colas son vistas>>
-¿Qué soy?
<<Tu sola debes descubrirlo todo>>
Cuando quise pedirle explicaciones me encontraba tumbada en la arena y los gritos desesperados de Mateo era lo único que podía escuchar.
-¿Qué ha ocurrido?
-Te desplomaste- dijo nervioso
-¿Cuándo?
-Hace un minuto
Sin embargo, creí que mi conversación con el perro mudo había durado más de quince minutos.
-¿Te encuentras bien?
-Dame la carta-extendí la mano incorporándome y dispuesta a irme por aquel sueño extraño
-¿No sería mejor que fuéramos a una bar?
Durante unos minutos me replanteé la cuestión, pensando que quizás era lo mejor, ir a una cafetería tranquilamente para que aquel muchacho no sospechará de nada.
Así que, fuimos a la cafetería más cercana.
Allí, me tomé una taza de té y sentí que de nuevo una de mis colas tenían ganas de salir. Me revolví en la silla esperando que Mateo no fuera consciente de lo que ocurría.
Mi concentración para ocultar mis colas fue interrumpida por una escena de lo más dramática.
Una pareja que estaban próximos a nuestra mesa estaba montando un escándalo a  lo más parecido a un culebrón que había visto. El hombre gritaba a la mujer desmesuradamente y ambos tenían rasgos asiáticos, aunque hablaban en su idioma, era capaz de entenderlos perfectamente y ella decía con lágrimas en los ojos "Oppa, Oppa"
Él agarro una taza de café para arrojar su contenido a la mujer llorosa que se limpiaba las lágrimas con las manos.
Nadie en la cafetería se inmuto, sin embargo, todos observábamos la escena.
Ante tal situación, concentré mi furia en aquel hombre, mi mandíbula apretada y un creciente sentimiento de odio se apoderaba de mi. Una voz desgarradora de mi interior soltó un grito, el hombre se vertió por encima el café que había en la taza y se estampó contra la pared.
Mis labios temblaron a punto de salir un sollozo y todo el mundo miraba fascinado la escena y gritaban asustados por el acto sobrenatural que acababa de ocurrir.
Miré a la mujer, que se levanto y retrocediendo salió corriendo, muchos acudieron en ayuda del hombre que había recibido el duro golpe y me miré las manos, mis uñas se habían convertido en largas garras negras y afiladas e incluso comenzaba a tener pelo alrededor de mis manos.
Agarré la carta que estaba encima de la mesa mientras Mateo miraba la escena y salí corriendo.
Me escondí en el primer callejón que vi con la intención de llegar a mi casa sin ser descubierta.
Siempre había pensado que era increíble cuando los héroes de los libros o películas tenían poderes, e incluso pensé que aquello realmente me podría gustar.
Pero me pregunté que sintieron aquellos héroes al tener poderes y no saber controlarlos. Quizás ellos habían nacido demasiado inteligentes o hábiles para plantearse aquel tipo de preguntas, pero yo, una persona del montón, que apenas se conocía a si misma y que creía que en un principio eso de tener poderes la hacía especial, había estampado a un hombre contra la pared.
Me sentí insegura...
Muy insegura...
Más insegura de lo que usualmente se puede sentir alguien...
Pero todavía tenía la carta. Abrí cuidadosamente el sobre con la uña del dedo corazón y la agarre cuidadosamente para comenzar la lectura.
"Querida Annie; 
Quizás, si estás leyendo esta carta, es el momento perfecto o quizás no; prefiero que nunca te haya echo falta leerla.
Quizás hayas notado algunos cambios en tu cuerpo y no me considero el más apto para darte una explicación de lo que te está ocurriendo. 
Pero tengo una amiga que si lo sabe. Es una chaman que vive en Nueva York en el barrio chino de origen japonés, allí encontrarás la respuesta.
La dirección se encuentra en el libro de recetas de la estantería más alta del faro entre las hojas del libro."
Tengo que reconocer que me sorprendí ante aquella idea de esconder la dirección en el libro de cocina, fue inteligente, más de lo que creía procediendo de mi padre. Realmente odiaba cocinar, por lo que nunca miraría un libro de cocina.
Después de tanto tiempo, cuando voy a una venta de libros usados, hojeo algún libro de cocina. No lo miro porque este interesada en el arte culinario, sino por el secreto que puede esconder.
Escasamente unos días después, me encontraba en el barrio chino de Nueva York llamando a la puerta de la dirección de la mujer.
Una japonesa salió de pronto. Su pelo estaba recogido en un moño y era de color plateado y brillante. Adornada en su cabellera, llevaba unas flores blancas y sencillas, tan largas que llegaba hasta sus ojos.
Aproximadamente podría tener unos cincuenta años. Sus pómulos estaban alzados y su maquillaje era suave, sus cejas finas y delgadas mientras que una tímida sonrisa se coló en su rostro.
En la mano izquierda portaba un abanico y llevaba un kimono negro adornado con grandes flores blancas y un obi atado de color rojo.
-Y tú ¿Quién eres?- dijo en japonés
-Mi nombre es Annie Marcellyn- me incliné levemente- ¿Es usted Matsumoto Nanami?
Ciertamente me resulto extraño que pudiera entenderla, y más raro todavía que fuera capaz de contestarle en su idioma.
La mujer de forma serena asintió y me invitó a pasar a un pequeño salón de estilo oriental.
Sin que la mujer llamara a nadie, una joven se presento y asintió sin que ella dijera nada. Unos minutos más tarde apareció con una tetera.
-¿Le gusta el té, señorita Marcellyn?
-Sí-respondí
-Así que la hija de Baï, ha venido a verme
-¿Cómo ha sabido que soy la hija de Baï?-decía mientras servía el té con elegancia
-¿Cómo podría olvidarme de un rostro como el tuyo?
-¿Qué quiere decir? ¿Nos conocíamos de antes?
Nanami se limitó a sonreír
-¿Qué te trae por aquí?
-Mi padre me dijo que viniera a verla si me sucedía cosas extrañas
-¿Y bien? ¿Qué le ha sucedido?
-Será mejor que se lo muestre, ¿Tiene algo que sea difícil de romper?
-¿Algo como...un bloque de hormigón?- respondió con suma delicadeza
Asentí tragado saliva
Y de nuevo sin comunicación verbal, la joven que había traído el té, trajo un pesado bloque de hormigón.
Lo agarré sin mayor esfuerzo, lo exprimí entre mis manos sin utilizar apenas fuerza y todo quedo reducido a polvo.
La mujer no muy sorprendida asintió mirando hacia la taza de té que me extendió.
-Es usted una kitsune, lo supe desde que te vi en la puerta
-¿Qué es eso?
-Es un ser mitológico de nueve colas, en la mitología japonesa se le llama kitsune, en la coreana Gumiho y la china Huli jing
-Yo sólo tengo cinco colas
-Según la mitología japonesa, estos zorros van teniendo más colas respecto a los años en balance a su sabiduría, sin embargo no es cierto. Según la coreana y china las nueve colas aparecen desde que el kitsune nace.
-Quieres decir...que de los tres zorros de nueve colas, en la mitología de cada uno ¿miente en algunas cosas y en otras no?
La chaman asintió.
-De acuerdo a la mitología Japonesa hay zorros buenos y malos. Generalmente los espíritus de zorros son representados como seres peligrosos y son llamados "zorros de campo". Sin embargo, hay zorros buenos que son venerados por el Dios Inari, compuesto por tres deidades. En el caso de ser un zorro de campo, te matarán.
-Y yo...¿Soy bueno o malo?-inquirí asustada

















sábado, 9 de noviembre de 2013

Capitulo 2: Sentido y Sensibilidad (1ºparte)

Quizás te resulte extraña y poco creíble toda esta historia. Bien, es normal, incluso para mi también lo era.

Quizás por eso las semanas siguientes apenas dormía. Este era aquel motivo que esperaba Baï, mi padre o era el motivo esperanzador que yo quería que fuese.
Pero ocurrió algo increíble que me dejó sin aliento el quince de noviembre.
Después de incluir otra noche de insomnio provocado por el desazón que me producía aquella incertidumbre, me mire al espejo como cada mañana y observé detenidamente mis colas, por mas que intentaba ocultarlas, siempre estaban expuestas a la vista.
Mi mente fue más rápida que yo contestando la siguiente cuestión que me planteé; ¿Era un perro...o quizás un zorro?
De forma frenética, un pelaje rodeo mi cuerpo y mi nariz se transformó en un hocico.
Intenté gritar, sin embargo nació de mi garganta un lastimero aullido que ha sido, lo más poco conocido a mi voz que he oído nunca.
Aunque intentaba pedir auxilio y solo era capaz de escuchar alaridos de mis lamentaciones, me eche un ojo al espejo, prendada de aquella hermosura que veía.
El pelo que cubría mis extremidades era despuntado y azul, las cinco hermosas colas acababan en un matiz blanco y tenía una belleza que jamás creí que mostraría.
Aunque era un zorro, pensé que era lo más "bonita" a lo que podía aspirar, tomando o no forma humana.
Y sin quererlo, un polvo similar al que aparece en las películas, que lo llame "polvo de estrella" cambio totalmente mi aspecto.
Esta vez, mi pelaje era como el marfil, resplandecía por si solo, era más largo y liso que el anterior y las colas eran blancas rodeada de especies de cintas grises y brillantes. Incluso el color de ojos había tornado a un grisáceo vivo.
"Pero...acaso ¿No cambiaré de nuevo a mi forma humana?" Deseaba ser capaz de verme otra vez mis labios y mis manos.
Como si mi cuerpo escuchara mi mente, el polvo de estrella rodeo al cuerpo zorruno que se encontraba frente al espejo, transformándose, de nuevo, en humano.
Antes de que cambiara de nuevo a zorro, me apresure a llamar a Mateo con la intención de leer la carta y me quedara clara a que tipo de situación me enfrentaba.
Mientras venía el abogado, la casa estaba hecha un desastre, por las cosas que se habían caído al suelo hace una semana y que yo misma creí que era un sueño.
En mi cabeza, apareció la imagen de lo que había hecho anteriormente para estropear el interior del faro de esa manera, así que intenté arreglar lo ocurrido de la misma forma, mentalmente.
La primera vez que lo intenté, no paso absolutamente nada.
Recordando como había utilizado la magia, intenté acumular toda la ira que había en mi expulsándola al exterior de un golpe diciendo "Que vuelva a la normalidad". Ilusa de mi.
Una nube negra se colocó encima de mi cabeza y comenzaron a caer rayos y truenos, una tediosa lluvia que no cedía y un pequeño viento huracanado hacía que mi cabello se moviese en el escenario del aire sin gracia alguna.
Llamaron a la puerta, y los fenómenos meteorológicos seguían actuando encima de mi cabeza.
-¡Dejadme ya!-ordené molesta y la nube desapareció.
En el segundo encuentro con el sobrio abogado, Mateo se encontraba peculiarmente más sorprendido de lo que lo habré visto nunca.
-¿Qué te ha pasado?
-Digamos...que de alguna manera, me ha pillado una tormenta por sorpresa- y tan sorpresa pensé riéndome para mis adentros.
Como seguía postrado en la puerta, miró el cielo y colocó la mano como esperando que cayera una gota, pero el sol resplandecía.
-No parece que haya llovido o vaya a llover- hizo el amago de entrar pero cerré la puerta a tiempo para que no viera el desastre.
-Anoche tuvo una fiesta un tanto salvaje y está algo desordenada la casa, vayamos a dar un paseo y así me seco con el sol.
-Señorita Marcellyn
-Dime-respondí al instante
-Es invierno, estamos a menos cinco grados.
Quede anonadada, había olvidado que era invierno.
-Iré a cambiarme y secarme el pelo, espere unos minutos en la puerta.
Los minutos se convirtieron en una hora. Y más tarde que pronto comenzamos a dar el esperado paseo.
No sabía que amar tanto el mar me podría traer tantas consecuencias.
Paseamos en la orilla, como me gusta a mi, cerca del agua y mis pies jugaban a rozarse con las olas y luego huir hacia la tierra seca.
Todo se complico cuando estaba en la cumbre de mi felicidad , exaltada por poder ver y tocar el agua. Antes de que comenzáramos a hablar de aquella carta del pescador, una de mis colas se desplegó cual pavo real que muestra sus encantos.
Sin embargo, el abogado miraba hacia el frente y yo me encontraba a unos pasos detrás de él.
Intenté ocultarla, pero nada funcionó hasta que desaparecí del lugar que me encontraba.
>>Me pregunto porque ella me mandó a cuidarte, eres tan molesta, experimentando a mover objetos, te tienes merecido lo que te pasó con el nubarrón<<
-¿Quién eres?¿Quién habla?- solo veía negro ante mis ojos
>>Eres una burra, estoy delante tuya, abre los ojos de una maldita vez.<<
Y ante mis ojos, un perro grande, de pelaje blanco me atemorizaba.
Me encontraba en una esfera que era parecida a una pompa de jabón, que brillaba con solemnidad.
-¿Y tú quién eres?-pregunté
>>Un perro<< dijo sin mover la boca, me asusté tanto que con voz tranquilizadora dijo >>Lo que estoy utilizando es telepatía Annie<<

martes, 5 de noviembre de 2013

capitulo 1: La suerte de los dados (3º parte)

-¿Le ha ocurrido algo a ese señor?Está lleno de heridas...- dijo Mateo
-Es mi compañero sexual y al parecer no lo trate con demasiada delicadeza.
Ambos nos miramos fijamente sin mostrar ningún tipo de emoción.
-Es broma- dije con la misma seriedad que había hablado antes-hace un rato le pegaron una paliza y sentí compasión por él. Pensé que ocurriría algo como lo que pasa en las películas o los libros, ya sabes, un encuentro que desencadenaría un amor pasional donde ambos moriríamos por amor como en Romeo y Julieta.
El silencio pesaba y nuestras caras eran tan serias como antes.
-Es broma- volví a repetir. Soñolienta, decidí cambiar de tema-¿Qué ocurre con la herencia?
El hombre saco una carpeta alegando que mi padre solo había dejado deudas y que no tenía ningún bien material para hacer frente a mis gastos. Sin embargo, había dejado una carta que había escrito hace ya algún tiempo en el caso de que le ocurriera algo.
Mateo me extendió el sobre y me disponía a abrirlo cuando me freno.
-Su padre me dejo un mensaje diciendo que no le estaba permitido abrir la carta hasta que no sucediera un hecho extraordinario que cambiara su vida. ¿Le ha sucedido algo extraordinario?
-Bueno- respondí pensativa- esta mañana han intentado agredirme, pero según los agresores tenía una fuerza descomunal, cuando en realidad siempre he sido una chica débil.
Creo-agrego el abogado- que su padre se refiere a encontrar una vocación o un trabajo, si todavía  no lo tiene.
-Permitame mi pregunta ¿Cómo sabe que no tengo un trabajo en este momento?
-Su padre supuso que no lo tendrías.
-¿Qué se cree el viejo ese? Siempre diciendo cosas como esas-se me había escapado tales groserías por mi enfado- cuando se la pida, entrégueme la carta, por favor. Mis sinceras disculpas, debo pedir que se marche.-agache levemente la cabeza y le acompañe hasta la entrada.
Cuando cruzo el umbral, me miro de nuevo.
-No se preocupe, hasta la próxima Señorita Marcellyn, es un placer conocerla, es usted encantadora
-¿Esta intentando halagarme?
-Sí, la verdad es que...
-Pues no lo intentes, es una pérdida de tiempo.
Cabreada,cerré la puerta de un golpe.
¿Quién se creía ese pescador diciendo de antemano que yo no tendría trabajo, ¿Es que acaso no confiaba en su propia hija?
Tenía tanta rabia contenida, que deseaba fervientemente tirar todo lo que había en el salón. Las tazas vacías de la mesa, los libros de la estanterías, cuando sucedió.
Las tazas temblaron y acto seguido, cayeron al suelo.Los libros comenzaron a temblar y a moverse hasta que rozaron el suelo, todo comenzó a romperse y caerse.
Mi furia pronto se convirtió en miedo y sorpresa y curiosamente los objetos dejaron de estamparse contra el suelo.
Me miré las manos y vi como temblaban, roce mis dedos con la frente e irradiaba calor como una estufa, tenía tanta fiebre que estaba delirando.
Baï me miraba y maullaba, acariciaba mis piernas y decidí irme a la cama escoltada por el pequeño minino.
Durante días, me sentí febril y dolorida.
Apenas podía moverme y sentía que me moría, a menudo sentía punzadas en el estómago y mi cabeza martilleaba con tanta fuerza que creí que explotaría. Mi pulso y corazón estaban más acelerados de lo normal, esto ocurrió, durante cinco días seguidos, día y noche.
El sábado por la noche estaba ansiosa de salir del faro y admirar el lado más salvaje del mar. Temibles olas desafiaban a cualquiera que se atreviera a mirarlas.
Cuando abrí la puerta, de nuevo el dolor estomacal recorrió todo mi cuerpo.
Me disponía a cerrar la puerta para volver a la cama, cuando el pequeño gato de pelaje gris salió al exterior, en un impulso de agarrarlo, salí asustada a buscarlo.
El mar y el cielo estaban enfurecidos. Observé las gotas que caían del cielo y vi que la luna era menguante.
Un cosquilleo recorrió la palma de mano y una gran ola se partió en dos devorando el faro, abrazando a Baï, miré hacia la bravucona ola deseando que desapareciera. Y esta, desapareció, el agua se calmo y dejo de llover.
Acto seguido cinco colas azules adornadas con hermosas perlas de agua aparecieron en mi trasero.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Capitulo 1: La suerte de los dados (2º parte)

Habían pasado dos meses tras la repentina muerte de mi padre, mediante la autopsia los médicos dijeron que había fallecido por un derrame cerebral y que la panadera fue a dejar el pan como todas las mañanas, al ver que nadie le abría la puerta, se asomo a la ventana y vio a Baï tirado en el suelo. Llamo al hospital, aunque ta fue demasiado tarde.
Desde aquel día, todas las tardes, me sentaba en la mesa con una taza de té mirando hacia la silla que tenía en frente y comenzaba a hablar como si mi padre estuviera ahí, escuchando atentamente cada palabra que pronunciaba mientras jugaba con sus manos.
Yo...me sentía realmente sola. No tenia nada. Ni familia, ni amigos, ni estudios, ni trabajo, ni futuro, ni siquiera esperanzas. Lo había perdido todo.
Las personas del ayuntamiento fueron realmente amables conmigo ofreciéndome el puesto de vigilante del faro que tantos años había sido el de mi padre, sin dudarlo, acepte de inmediato.
Una noche lluviosa, mientras me encaminaba hacia el faro volviendo de la compra, vi una pequeña caja. Quizás una persona normal ni siquiera se habría molestado en mirarla, pero escuche unos débiles gemidos. Cuando abrí la tapadera me encontré con un pequeño gato gris y junto a el, una nota "Por favor, cuídame, me gustaría formar parte de tu familia" Aquella nota conmovió profundamente mi corazón, aquel minino y yo nos encontrábamos en circunstancias similares, así que, lo adopte como mascota bajo el nombre de Baï, en honor a mi padre.
A la semana siguiente, salí a pasear para sentir la brisa del frío invierno, Baï me despidió desde la entrada del faro maullando.
Mis pies rozaron la sedosa arena de la playa y las ondulaciones de mi cabello bailaban al son del viento. Después de tanto tiempo, me sentía realmente bien, como si pudiera volver a nacer en cualquier momento.
En mitad de mi placido paseo, tres gamberros pegaban a un chaval de unos veinte años.
Pensé en no intervenir, pero sentí la presencia de mi padre junto a mi, mirándome compasivo.
-¡Siempre hago lo que quieres!- le dije a la borrosa imagen que tenía al lado mía- ¡Esfúmate!- sople con fuerza y la imagen desapareció. 
-¡Oye! Dejadlo, sois tres contra uno, soy muy mayores para andar pegándose como críos, lo vais a matar- dije cuando me acerque y vi aquel hombre lleno de sangre.
-¿Y tu quién eres para decirnos eso?¿Superman?¿Catwoman?-dijo uno de ellos con el pelo engominado y alzando la voz
-Soy una pescadora, pero olvidaos de mi,yo no he dicho nada- dije viendo que mi vida corría peligro. Carraspee mi garganta y quise seguir mi camino
-no te vayas ahora, puta. Me da igual que seas una mujer, nadie me vacila.
El engominado se preparaba para pegarme, asustada, cerré los ojos y noté un leve cosquilleo que subía por mi espalda, abrí atemorizada los ojos y me percate como aquel tío estaba agarrando su mano como si acabara de sufrir un duro golpe.
-¿Qué ocurre?- le preguntaron sus compañeros y lo observe detenidamente sin comprender nada.
-Esta dura como una piedra- respondió
Sus colegas parecían sorprendidos y decidieron sorprenderme a mi cuando cada tío me agarro de un brazo, forcejee y cuando lo hice, ambos acabaron a cinco metros de mi tirados en el suelo.
"¿Qué ocurre?" Esa fue la pregunta que me hice, ya que nunca había sobresalido en los deportes y mucho menos por mi fuerza.
Los tres abusones me miraron asustados y salieron corriendo. 
Me miré las manos confusa y aturdida, pero se esfumó cuando mi nariz detecto un desagradable olor a perro mojado. 
Giré mi cabeza hacia el lado izquierdo de donde yo me encontraba, allí, yacía inmóvil el cuerpo tirado de un joven, me arrodille junto a él y le pregunté.
-¿Estás bien?- arrugue el ceño preocupada. Quien olía a perro mojado era él.- será mejor que te lleve a mi casa y te cure las heridas.
El chico aún consciente asintió sin abrir la boca, le ayude a levantarse y sentí que su peso era proporcional a una pluma. Al ver su cojera e inestabilidad al andar, lo cargue en mi espalda y lo lleve a mi casa en un breve periodo de tiempo.
Lo tumbe en el sofá y fui a por el botiquín de primeros auxilios. Aunque se veía un chico indefenso, me atemorizaba hasta cierto punto su presencia sin embargo, no comprendía el por qué.
Cuando agarré el algodón y lo bañe en agua para limpiar sus heridas sucias por la arena, el chico estaba inmóvil y parecía que se había quedado dormido por el agotamiento. Fue entonces, cuando decidí echar un vistazo a su cara.
Tenía el pelo largo. Sus labios y piel eran finos. Sus pómulos estaban alzados. Los ojos de aquel hombre eran pequeños y con grandes pestañas. Me recordó a una muñeca de porcelana por sus delicados rasgos, como si en cualquier momento se pudiera romper si no la tratas cuidadosamente.
En el momento en que con más atención lo observaba, abrió los ojos de golpe incorporándose de una sentada.
-¿Quién eres?
-Me llamo Annie. te salve de unos matones- le extendí la mano a modo de saludo sin obtener respuesta- ahora que estás despierto, limpia tu mismo las heridas, voy a hacer té, ¿te gusta el té?
-¿Cómo vencistes a esos tipos?
-No lo sé, pero fue increíble la cara que pusieron, y más cuando...
-Me abrumas- dijo mientras se llevaba las manos a la cabeza
-Puede, pero la que te abruma, te ha salvado la vida. Te pregunté si quieres té
-No me gusta, ¿Tienes café?
Me encogí de hombros y comencé a rebuscar en los armarios.
-¿Vives en un faro?
-Sí-dije mientras preparaba las bebidas
-Es impresionante la cantidad de libros que hay
Fruncí los labios a modo de respuesta.
-¿Cómo te llamas?- pregunte por segunda vez
-Neron
-Tienes nombre de perro- conteste con una risita y seguidamente dije- por favor, tome asiento- le señale la mesa- el café esta preparado.
Neron tomo asiento y bebió un sorbo de su café, lo miré detenidamente y pronuncié las siguientes palabras.
-¿Está bueno?
Él asintió y proseguí diciendo 
-Está caducado, me preocupaba de que no fuera de su agrado. Preparé mas té por si se arrepiente del café.
Ambos nos miramos con una inescrutable seriedad
En ese momento, alguien aporreó la puerta, la abrí y un hombre trajeado hablo.
-Buenos días, soy el abogado de Baï, vengo a hablar de la herencia.
-Vaya, es usted un hombre muy atractivo, si lo hubiera sabido, me hubiera preocupado en reunirme mucho antes con usted por el tema de la herencia.
Ante tales palabras de intimidación, el hombre no pareció inmutarse. Le invité a pasar.
El abogado, que mucho más tarde me enteré que se llamaba Mateo y tenía veinticinco años de edad se sentó junto a mi otro invitado y le ofrecí algo de beber.
-Un café, si es tan amable.
Pensé que por qué el día en que tenía no café pero sí invitados se empeñaban en pedirlo.
Le coloqué la taza de café, él bebió un sorbo como Neron y repetí la misma fórmula.
-¿Está bueno?
El asintió y con seriedad comenté casualmente
-Está caducado, me preocupaba que no fuera de su agrado.
Ambos hombres se miraron cuando Neron dijo
-Creo que el asunto es personal y yo ya debo marcharme
-Le acompañaré hasta la puerta-me ofrecí, cuando Neron estaba ya en la calle le dije- Encantado de conocerle, espero que si alguna vez nos volvemos a encontrar no sea en una situación tan peliaguda.
El no dijo nada y yo cerré la puerta de inmediato.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Capitulo 1: La suerte de los dados (Parte 1)

A veces pienso que alguien realmente me odia, y por eso, me echó un mal de ojo.Ojalá esa persona se pudra en el infierno.Por su culpa, soy la persona con el mayor índice de mala suerte que puedas conocer.Os explicaré porqué.
Mi madre me abandonó cuando tenía cuatro años, todavía recuerdo como me llamaba diciendo "Annie", creo por ese motivo ,tras la huida de mi madre , me volví una persona retraída en sí misma y que para evadirse se pasaba a todas horas leyendo, siendo objeto de insultos y burlas por parte de los que eran mis compañeros.
Pegamento en la silla, pintadas en la mesa, motes crueles, esas y muchas más fueron las razones por lo que a los dieciséis años abandoné el instituto y te preguntarás "Y tu padre,¿Qué dijo?" Bueno, a decir verdad mi padre no solía ser un padre atento y cariñoso, por lo que al saber la noticia lo único que me dijo es "Tampoco te hará mucha falta en el futuro Annie, si todo sale bien, podrás manejar el barco que tengo alquilado y ser pescadora" 
Baï, mi padre, es una persona muy baja,pero corpulenta de ojos azules y pequeños enmascarados por unas pequeñas gafas redondas, de cara alargada y finos labios; pero lo que le caracterizaba era la sobriedad e inexpresiva cara. A veces, cuando era algo más pequeña, dudé de que aquel hombre pudiera ser mi padre. Ambos éramos muy diferentes. Mis ojos eran lo más negro que había visto nunca, mi pelo caía en pequeñas ondulaciones y con un gran volumen del color del chocolate. Mis labios eran gruesos y pequeños. Las personas mayores a menudo me decían y me dicen que tengo algo especial, como si en cualquier momento pudiera mostrar mis afilados dientes como una leona enfadada.
¡Ah!Se me olvido decir que vivo en Francia, y lo que más os sorprenderá, vivo en un faro junto a mi padre que es pescador. Aunque apenas ya las personas viven en faros, mi padre lo contrataron hace tanto tiempo, que creo que le dan pena despedirlo, así que,se puede decir que vivo de la lástima de los demás.
Aunque mi padre sea pescador a tiempo parcial, la mayoría del tiempo se encarga de revisarlo todo lo que tiene que ver con el faro y no me preguntéis que revisa, porque realmente, no lo sé.
A menudo, tengo miles de accidentes (me rompí la pierna cuatro veces y me he quemado cocinando más de mil y sin utilizar la exageración) soy una persona poco hábil, aunque si que puedo decir que soy astuta. Es en lo único que soy buena; engañando a los demás. Quizás, debería ser vendedora de seguros porque tengo el don de la palabra. 
Aunque soy una persona muy realista,debido a mi curiosidad por el mundo y mi fascinación por los libros y documentales, ante todo, me considero una persona muy fantasiosa, hasta tal punto que veo una persona paseando y pienso que cuando oscurece es un monstruo con terribles tentáculos que se come los hígados de las personas, ojalá yo tuviera esas habilidades.
No fui consciente que a veces los deseos son peligrosos.
A la edad de veintitrés años, cuando volví de la biblioteca vi una gran cantidad de personas rodeando el imponente foro.
Sentí como un calambre recorría mi cuerpo y agache la cabeza, avanzando lentamente hacia mi casa de vuelta de la biblioteca  cuando sacaron de mi casa una camilla llevada por cuatro hombres. En aquella camilla había un cuerpo humano tapado por una sabana.
-¿Qué ocurre?-le pregunté a la señora que venía todos los días a traer el pan. La mirada de aquella mujer estaba llena de compasión, miró hacia otro lugar intentando escapar, me agarro de las manos y con voz entrecortada por el llanto hablo
-Tu padre ha muerto
Quede clavada en el suelo durante horas mientras el viento golpeaba mi cara y mis sentimientos. Me sentía perdida en aquel inmenso océano de emociones. 




viernes, 1 de noviembre de 2013

Prólogo

-Mamá, tengo miedo, ¿Y si viene el hombre del saco?- dije incorporándome de la cama con voz temblorosa a la edad de cuatro años.
Mi madre me recostó, me arropó y sentí la suave textura de las sábanas mirando a aquella mujer hermosa.
-Tranquila Annie, el kitsune te protegerá.
-Mami, cuéntame otra vez el cuento del zorro de nueve colas.
Ella sonrió y carraspeó su garganta dando comienzo a la historia.
-Érase una vez, un zorro de nueve colas, más conocido como kitsunes. Había una kitsune que se llamaba Diana.
-¿Por qué se llama como tú?
Mi madre sonrió e hizo caso omiso a mi pregunta continuando con el relato.
-Diana estaba muy triste porque los kitsunes no tienen mamá ni papá y ella quería tener alguien que la quisiera y a veces se sentía sola. Todos estos tipos de zorros tenían poderes y podía convertirse en persona, animales e incluso en objetos-dijo enfatizando esa parte con sus manos- pero ella lo hubiera dado todo por tener una mamá y un papa. Los demás kitsunes, se reían a menudo de ella porque era un zorro rojo que le gustaba mucho el agua y tenía miedo al fuego, mientras que a los demás kitsunes le gustaban mucho el fuego pero odiaban el agua.
Una marca de preocupación debió surcar mi rostro cuando mi madre, intentaba consolarme diciendo que Diana sería feliz. Ella prosiguió.
-Inari, el dios que cuidaba de ella, la mando a una pequeña aldea para que cuidara a cada uno de sus habitantes en secreto, puesto que las personas temen a estos extraños zorros. Todas las mañanas, Diana se transformaba en humana y paseaba por el pueblo y todos los días veía a un joven agraciado y gentil, Diana se enamoró profundamente de él.
Durante unos minutos, el silencio se hizo pesado en la habitación, hasta que inquirí
-¿Y que ocurrió?Nunca me has contado lo que pasa a partir de ahí.
-Te lo contaré mañana, ya es tarde.
Mamá beso mi frente dulcemente y sonrió dejando ver sus dos bonitos e inocentes hoyuelos.
-Te quiero mamá
-Yo a ti también cielo.
Esa fue, la última vez que vi a mi madre.

Bienvenido, nota de la autora

Señores y señoras, niños y niñas, les invito a disfrutar de un placido viaje al mundo de la imaginación con la historia que deseo escribir. Nunca se me ocurrió escribir ningún tipo de historia que incluyera términos fantasiosos, pero sin desearlo, lo hice. Aquí, les escribo de que irá la historia.

Annie cree que la mala suerte, la acecha, su madre a los cuatro años la abandono,y ahora con veintitrés años acaba de sufrir la pérdida de su padre. Un noche de luna menguante, dos o tres meses posterior de la muerte de su padre, ella comienza a tener una fiebre realmente alta y le aparecen cinco colas. ¿Que pasará a partir de ese momento? ¿Que le ha ocurrido a nuestra protagonista?